2.Diagnóstico de la EA

SOSPECHA CLÍNICA

La consulta clínica es un escenario de vital importancia para el diagnóstico de la EA. Tanto los síntomas que declara el paciente, como los datos que arroja la exploración física influirán en la decisión que tome el facultativo para investigar una posible espondilitis. Si el médico sospecha que puede existir una EA, solicitará diferentes pruebas para confirmar el diagnóstico.

Estas pruebas irán encaminadas por dos vías, una radiológica -por la que se intentará comprobar o descartar una inflamación de las articulaciones sacroilíacas-, y otra de laboratorio -para medir la actividad inflamatoria en cada momento, y conocer la existencia o la ausencia del antígeno HLA-B27-.

Las claves del diagnóstico de sospecha clínica de EA se basan en los síntomas y en la exploración.

Los síntomas habituales son el dolor en la zona sacra y lumbar, además de la rigidez al levantar por las mañanas, además de una sensible mejora de la rigidez y el dolor con la deambulación.

En la exploración del médico se pone de manifiesto habitualmente una expansión limitada del pecho (provocando menor capacidad de ventilación) y limitación de los movimientos de la columna vertebral en flexión, rotación y lateralidad.

PRUEBAS RADIOLÓGICAS

Entre las pruebas radiológicas que se pueden realizar para confromar una EA, hay que distiguir entre la radiografía común, que se utiliza en casos de claras sospechas por lo avanzado del caso. Si por el contrario, no hay evidencias claras de la enfermedad -buena movilidad en casos poco avanzados o atípicos- se suele recurrir a la Gammagrafía Ósea. Este procedimiento mostrará sobre un placa de radiografía las zonas con actividad metabólica, es decir, lugares donde existe un proceso inflamatorio. Para esta determinación se inyecta al paciente, por vía intravenosa, un isótopo radiactivo de vida media bastante corta, que hará de “marcador fluorescente” en las zonas inflamadas, que se reflejarán en la placa radiográfica.

PRUEBAS DE LABORATORIO

Los análisis de sangre y orina no son tampoco concluyentes para el diagnóstico de la EA, si bien nos aclarará la presencia del HLA-B27 la existencia o ausencia. Además, estos análisis son necesarios durante el transcurso de la enfermedad, pues ayudan a evaluar la actividad inflamatoria, y conocer las consecuencias de la medicación sobre ciertos órganos o fluidos (riñón, hígado, sangre, etc.).

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